miércoles, 16 de junio de 2010

El primer actor nacional

El primer recuerdo que tengo de Alan García Pérez (AGP), es el cierre de mitin de campaña presidencial allá por 1,985. En el Parque Principal de Chiclayo, había toda una multitud, impresionada por la oratoria y el carisma, del que ya se anunciaba como “EL PRESIDENTE DE TODOS LOS PERUANOS”. Era un hombre de 35 años, que pasó por encima de varias de las figuras señeras del APRA de entonces, que por discutir entre ellos, no se dieron cuenta del avasallador pase de un diputado que como AGP, había dado muestras ya, de un poder escénico formidable.
AGP, en esa noche apoteósica de los apristas lambayecanos, dijo sin ambages, “Olmos no se hará, por qué, la economía del país no nada bien y no podemos endeudarnos”. Yo era en ese tiempo corresponsal de Panamericana TV y como una concesión especial, nos dejaron subir a Abel Arreátegui, camarógrafo y a mí, hasta la plataforma previa al cubículo que ocupaba el candidato. Cuando dijo lo del Olmos, volteé a ver a Ricardo Cervera Niño, entonces director de el diario El Ciclón, amigo personal de AGP. Los dos estábamos sorprendidos, pues Olmos, era el caballito electoral de varios candidatos. Cervera movió la cabeza, como diciendo “ya se jodió”.
Sin embargo no hubo ni silbidos ni aplausos. La expresión ya estaba dada y con la astucia política que siempre lo ha caracterizado, el líder aprista siguió su discurso, hablándole a cada oyente lo que quería escuchar. Cuando terminó y bajó al nivel donde estábamos, le dijo a Cervera, “no te dije…. no me iban a decir nada”. Testigo de esa manifestación, esa noche empezó a gestarse en mí, la idea que estábamos ante un gran actor.
Durante sus 5 desastrosos años de gobierno AGP, no hizo sino confirmar, que tenía una variedad extraordinaria de caretas, para actuar de acuerdo a la ocasión. Así, fue piloto de helicóptero; copiloto de Miragge; conductor de tanque de guerra; cargador del anda del Señor de los Milagros; cantante de rancheras, recuérdense sus interpretaciones de “Yo soy el Rey”, en el mismo México. Estas eran las manifestaciones histriónicas públicas, a las que se sumaron las leyendas, como la del motociclista anónimo, que salía por las noches de palacio, desorientando a su seguridad.
Uso una careta para saludar a los jóvenes senderistas, luego de la muerte de Edith Lagos, esa joven ayacuchana captada por los terroristas y muerta por fuerzas del estado. Allí en los archivos deben estar sus exhortaciones a los jóvenes apristas, para que imitaran el comportamiento decidido de Lagos, en la defensa de sus ideales.
Uso otras caretas, para hablarnos del dólar MUC, para explicarnos las devaluaciones constantes de la moneda. Otras para hablar de la inflación galopante, que superó largamente al desastre que nos dejó la Guerra con Chile. Otra diferente para explicarle al país, como habían salido por un túnel, los emerretistas, que lideraba su ex compañero y amigo, Victor Polay Campos. Era sin duda alguna, un maestro en el arte escénico. No solo por la careta que su rostro reflejaba en ese momento, sino también por las palabras adecuadas, para la ocasión.
Cuando en el 2003, regresó al país y pensaba que todavía los peruanos manteníamos vigente la tragedia de su primer gobierno, su calidad histriónica, nos convenció que había madurado y estuvo a punto de lograr la victoria. Recuerdo que un joven amigo alemán, en un viaje que hicimos a Colombia, me preguntó cómo era AGP. Le di mi opinión y no me creía. Es un encantador de serpientes, le dije. El me miraba absorto, dudando.
Tiempo después lo encontré en Lima y me contó que había ido al mitin de la Plaza San Martin. Que como era extranjero, pensaron que era periodista y lo dejaron avanzar hasta casi el mismo estrado. Y lo que vivió me dijo “nunca lo voy a poder olvidar”. Este joven alemán hablaba muy bien el español y por lo tanto entendió todo lo que dijo esa noche un AGP, tremendamente inspirado y con el manto protector de una multitud enfervorizada. Lleno de entusiasmo, me contó que preguntó dónde podía inscribirse para ser aprista y que le dijeron que no había padrones para extranjeros.
Cinco años después ganó las elecciones y fue ungido nuevamente como Presidente. Que había cambiado, nos fuimos dando cuenta de a pocos. Primero el físico. Ya no era el joven galán que llegaba a los mítines y con mirada atrevida, miraba a las mujeres allí presentes, con quienes coqueteaba sonriéndoles y haciéndoles gestos, que arrancaban gritos sensuales de las féminas que sin importarles su edad, se veían premiadas con la mirada del apuesto presidente
Hoy ese joven debe estar pesando 140 kilos. Su cuerpo es una masa casi amorfa. Dejó de pintarse el pelo y un mechón como el del desaparecido cantante mexicano, Miguel Aceves Mejía, blanquea su cabeza. Es un sibarita impenitente. Sin embargo parecería haber ganado más poder de ubicación. No ha perdido su capacidad de convencimiento y es sin ninguna duda el dueño del APRA, donde nada se mueve sin su aprobación.
Ha logrado desubicar a varios líderes que ansiaban derrotarlo. A Yehude Simon lo redujo a la mínima expresión de acompañante. A Jorge Del Castillo, a la figura espectral, de un muerto en vida, con la mancha de su incursión en temas de corrupción. A Lucho Castañeda y a Keiko Fujimori, los convirtió en dos aliados, a los que envío un enorme y caustico aviso. “Yo no puedo poner a un Presidente, pero si puedo evitar que quien no me simpatiza llegue a serlo.” Y ahora los dos, son complacientes colaboradores del régimen.
Este AGP, modelo siglo XXI, ha sufrido sin duda muchos cambios, destacando entre ellos, el hecho de haber manejado prudentemente la economía nacional, aún cuando muchos piensan que su intromisión incontrolable, en todo tipo de actividades del estado, lo han hecho merecedor a duras críticas. En el caso de Lambayeque, fue por su decidido apoyo, como en su momento lo hiciera el Presidente Toledo, que el Proyecto Olmos, va a continuar. Los lambayecanos, no olvidamos las opiniones de la ministra Araoz, apenas asumir la cartera de Economía, en la que manifestaba su oposición a la continuación de las obras.
Fue AGP, con una decidida posición, el que determinó que la obra continuara. Le “dobló el brazo” a la Ministra y la obligó a cambiar de opinión .El último sábado en el Museo Tumbas Reales, se firmó el contrato con la empresa brasileña, que va a ejecutar la obra. Con un sobrero de chalan, AGP, sonreía satisfecho, bailó su clásico “La vida es un carnaval”, simuló cortarle el cuello con un machete, que le regaló un trabajador de Pomalca, a Nery Saldarriaga de Kroll, jugó con Yehude Simon, teniendo en cuenta que había una portátil humanista, se molestó por la poca calidad del maestro de ceremonias y cantó la sexta estrofa del himno, cuando la mayoría entonaba la primera.
Y finalmente se mandó con un discurso, realmente cautivador. En una verdadera clase de histrionismo profesional, utilizó varias caretas para convencernos que su gobierno era lo mejor que nos podría haber pasado a los lambayecanos y a los peruanos en general. A mí no me quedó ninguna duda, Alan García Pérez, sigue siendo EL PRIMER ACTOR NACIONAL

1 comentario:

Unknown dijo...

Hubo una frase del Alan de su primer gobierno:"El desequilibrio aparente". La usó para justificar el descuadre que tenían los indicadores macroeconómicos.Nada cuadraba...pero todo era aparente,según Alan.

Por otro lado, me parece tu mejor artículo hasta ahora. Felicitaciones.